"Esta
síntesis de las estrategias de los gobiernos
de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos contra las
FARC viene del análisis original en inglés
para discusión de asuntos de inteligencia militar
en Latinoamérica.
Existe una diferencia enorme entre el secreto militar,
necesario en todas las acciones bélicas como
en la actual guerra contra las FARC, y lo que el público
ve en la superficie. El problemático y negativo
ex presidente Álvaro Uribe conoce bien esta diferencia
y explota este desconocimiento público para su
beneficio político personal; y esto es lo que
esta síntesis va a aclarar." José
María Rodríguez González

La idea de
Uribe de Seguridad Nacional que rebautiza como “Democrática”
proviene de los años sesenta del siglo pasado
y se origina en la Doctrina de la Seguridad Nacional
de los Estados Unidos que fue una de las consecuencias
de la Guerra fría. Antes, a los problemas que
se originaban en la protesta civil se los llamaba, apropiadamente,
de Orden Público.
En 1961 y por iniciativa del
Presidente Kennedy se crea la Alianza para el Progreso
con el objeto de desarrollar y modernizar a las naciones
latinoamericanas incluyendo el fortalecimiento de la
seguridad interna por medio de la Operación de
Seguridad Latinoamericana (Plan Lasso en Estados Unidos
o Plan Lazo en Colombia). El presidente Alberto Lleras
logra que el dinero destinado para la defensa del hemisferio
fuera utilizado para objetivos de seguridad interna
en Colombia con el decreto presidencial 61-14 de enero
de 1961 que firmó el presidente John F. Kennedy.
El Plan Lasso también incluía acciones
cívicas de atracción de la población
que al mismo tiempo servían como recolectores
de información e inteligencia para los cazadores
de guerrilleros.
Parece irónico pero
al mirar la historia de Colombia de los últimos
50 años uno descubre que la tendencia de una
clase civil poderosa a resolver los problemas ciudadanos
con la violencia, ha hecho creer a la ciudadanía
que sus privilegios e intereses son la patria y de esta
forma han manipulado a las Fuerzas Militares y Policiales
como sus instrumentos de poder. Y no han sido las Fuerzas
Militares sino quienes las han manipulado, los que han
creado la compleja situación de conflicto armado
que ha ensangrentado a Colombia, situación que
no hay que seguir avivando, sino apagarla de una vez
por todas. Colombia puede tener unas Fuerzas Militares
viviendo en paz.
En ese entonces y por iniciativa
de la clase civil dominante el general Alberto Ruiz
Novoa, un veterano de la guerra anticomunista de Corea,
que alentaba la idea de transportar automáticamente
la situación anticomunista coreana a Colombia,
es nombrado Ministro de Defensa. El cambio más
importante que Ruiz Novoa intenta realizar en las Fuerzas
Militares es tratar de convertirlas en un Partido Anticomunista
Armado, y así, politizándolas, hacerlas
actuar. Desde ahí se considera cualquier revuelta
civil como un avance del comunismo.
Así, las situaciones
de Orden Público que se relacionan con la oposición,
y las protestas de civiles como las de estudiantes,
trabajadores y campesinos que deben protegerse bajo
la libertad democrática del estado ascendieron
indebidamente a un problema de Seguridad Nacional, como
si la población civil y sus protestas por violentas
que sean pudieran ser equiparadas al ataque de una nación
enemiga.
Con esta visión exagerada
y deformada de las protestas y revueltas civiles, como
todavía hoy sucede, en 1964 se llegó a
suponer que unas autodefensas campesinas, en ese entonces
provenientes del Partido Liberal y concentradas en Marquetalia,
eran un foco del comunismo que había que destruir.
La actuación del ejército politizado como
anticomunista facilitó y produjo que el Partido
Comunista tomara realmente la dirección de las
Autodefensas Campesinas y que conformaran lo que fueron
las FARC hasta 1982 y, desde ahí en adelante
lo que hoy son las FARC-EP.
No había en Colombia
comunismo armado ni organizado como ejército,
pero aparecen unas Fuerzas Militares politizadas anticomunistas
que atacan a unos campesinos beligerantes liberales
unidos en las Autodefensas Campesinas y a la vuelta
de la esquina Colombia ahora ya tiene un ejército
armado comunista y casi medio siglo de derramamiento
de sangre. Este error se equipara al que por poco comete
Uribe al querer internacionalizar la guerra y elevar
a las FARC a un rango internacional de combate que no
es de ninguna manera conveniente para el país.
Este comunismo vernáculo
que nunca se relacionó con una invasión
soviética de Colombia, sí comenzó
a asociarse con una oposición radical al Estado,
y una situación de orden público que pudo
apaciguarse y mantenerse dentro de los linderos de la
política tradicional fue desbordada y regalada
al comunismo como una fuerza social y militar.
Sin ningún
conocimiento militar y guiado solamente por el odio
y un sentimiento de venganza personal irreductible,
todo lo que Uribe hace es revivir a toda costa esa situación
militar anómala de los años sesenta del
siglo pasado y que originó las peores dictaduras
que avergüenzan a las Fuerzas Militares y a la
historia de América Latina.
Estrategia militar de Uribe
I Los paramilitares y
la limpieza social
La estrategia
militar del gobierno de Uribe contra la insurgencia*
de las FARC tenía dos prioridades, la primera,
eliminar cualquier apoyo logístico de las FARC
en las poblaciones en zonas de influencia de la guerrilla,
y la segunda, golpear al Secretariado. Ninguna de las
dos era muy difícil, sobre todo la primera, porque
era una guerra de limpieza social abierta y sin escrúpulos
contra la inerme población civil. Guerra en la
que los paramilitares cumplieron el papel principal.
Los paramilitares
existen por decisión de los “Césares”
y su organización se inició durante el
gobierno de Julio César Turbay Ayala con su Estatuto
de Seguridad y Defensa de la Democracia, expedido en
1978 y se consolidó con la Ley 3567 de 1994 firmada
por el presidente César Gaviria Trujillo que
definió a las Convivir. La función de
defensa nacional civil y autodefensa fueron sus parámetros
inamovibles. La participación personal de Uribe
fue ocuparse de que el paramilitarismo tuviera todo
el apoyo del gobierno, cosa que logró a partir
de las Convivir de Antioquia, cuando fue gobernador
de ese departamento, hasta la entrega de los servicios
nacionales de inteligencia DAS, bajo su mando, para
todas las operaciones del paramilitarismo, cuando fue
presidente. Dentro de esta prioridad estratégica
bastaba con que Uribe solo mencionara en público
o en privado que alguien era sospechoso de apoyar a
la guerrilla para que cualquier paramilitar ejecutara
una acción contra esa persona.
La guerra
de limpieza social contra la población inerme
que encarnó y cumplió Uribe quedó
demostrada por tres evidencias inocultables. Una, que
la única razón y justificación
para robarle sus tierras y pertenencias a los campesinos,
violar sus mujeres y asesinar sus niños era que
un paramilitar sospechara que podrían ser auxiliadores
de la guerrilla. Dos, que Uribe nunca consideró
ni defendió a las víctimas de los paramilitares
y por el contrario siempre ha sido hostil y enemigo
de ellas. Y tres, que Uribe exigió una completa
inmunidad para todos los paramilitares e impulsó
su participación política. Estas exigencias
de Uribe no las pudo cumplir el Congreso con la mal
llamada Ley de Justicia y Paz por impedimentos del estado
de derecho, pactos internacionales, la intervención
de la Corte Constitucional y la presión internacional
y de la población colombiana.
Uribe desconoció
que en la paz**, las reivindicaciones, la rehabilitación
y el perdón siempre son para el enemigo y el
castigo ejemplar es siempre para los amigos del Estado
porque por la participación del gobierno en los
crímenes de paramilitares y neoparamilitares
éstos son una aberración del Estado.
Por otra parte,
Uribe nunca censuró ni personalmente ni como
integrante del gobierno, ninguna acción paramilitar
contra los civiles. Uribe nunca los denunció
públicamente como si lo hacía constantemente
con las FARC sin olvidar el más mínimo
detalle. Uribe jamás afectó intereses
paramilitares ni bombardeó un solo campo paramilitar,
con el agravante de que sabía dónde se
hallaban y también sabía que los paramilitares
eran reconocidos legalmente como terroristas*** además
de narcotraficantes. Hay que tener en cuenta que los
paramilitares fueron los únicos verdaderos narcoterroristas
y a quienes históricamente el término
les cabe sin posibilidad alguna de error****.
Lo peor, y
otra inculpación de esta asociación de
Uribe con el paramilitarismo, es que además de
permitir que los paramilitares se apoderaran de todas
las tierras que quisieran, los territorios que ellos
le quitaron a toda la población que supuestamente
ayudaba a las FARC nunca los recobró Uribe para
Colombia y se los dejó a los paramilitares como
premio por quitárselo a las FARC. En otras palabras,
Uribe le entregó al crimen organizado las áreas
de influencia de la guerrilla sin que él ni su
gobierno les importara ganar ninguna jurisdicción
sobre ellas. Para Uribe que los paramilitares tuvieran
posesión de esos territorios era igual a que
el gobierno la tuviera y de esa manera lo contaba entre
los logros de su gobierno.
Esta asociación
de Uribe con el paramilitarismo prueba por dónde
andaba su “corazón grande” en la
ejecución de su prioridad estratégica
de limpieza social de la población civil inerme
que pudiera auxiliar a la guerrilla.
La limpieza
social y su ejecución por parte del paramilitarismo
es el componente inseparable y más importante
de la Seguridad Democrática de Uribe. Es el que
involucra a civiles como informantes, vengadores y combatientes,
el más corrosivo y destructivo de lo humano en
la sociedad colombiana y es el que ha convertido a esos
individuos civiles en portadores de crueldad, corrupción
y crimen, como lo demuestra la conducta sanguinaria
de los grupos paramilitares y neoparamilitares.
No se puede
ignorar que la preocupación de Uribe en el entrenamiento
y la dotación militar para las funciones de limpieza
social o exterminio ejercido por el paramilitarismo
incluye su interés de que fueran óptimas.
En ese sentido, la importación de expertos entrenadores
israelíes y la dirección de fanáticos
y sangrientos militares criollos no parecen ser casos
aislados. Tampoco parece aislada de esas conexiones
la solicitud de militares a través del gobierno
de Israel a la ONU para que Uribe los defendiera de
su ataque a una tripulación civil en un barco
rumbo a Gaza. Uribe nunca rechazó el ofrecimiento
para intervenir en un caso donde hubo víctimas
civiles de una agresión armada, como si fuera
natural para él que ese tipo de acciones se consideraran
normales y defendibles.
La preocupación
personal de Uribe sobre el funcionamiento del paramilitarismo
se extendió también al aseguramiento de
su financiación que se caracterizó por
su reserva y por los abundantes dineros de sus colegas
ganaderos, en su mayoría agremiados a Fedegan,
de hacendados y de muchos poderosos y adinerados representantes
de la empresa privada antioqueña, costeña,
nacional y hasta internacional complementaban los ingresos
del narcotráfico de los paramilitares para asegurarse
que con su dinero las acciones de los paramilitares
cumplieran los objetivos de Uribe de acabar con la población
civil que apoyaba a las FARC o que era sospechosa de
apoyarlas, por medio de la limpieza social y así
evitar que interfirieran en sus intereses con vacunas,
otros impuestos y reclutamiento de campesinos.
La relación
de Uribe con dineros de y para los narcotraficantes
no se ha aclarado, pero testimonios de Uribe sobre su
íntima asociación de negocios con su familia,
testimonios que provienen de muchas fuentes, muestran
que familiares directos de Uribe, convictos como Mario
Uribe, su primo hermano, fue también su socio
político de toda la vida, y no convictos como
sus dos hermanos, uno muerto, Jaime Alberto, y otro
vivo, Santiago, señalados por colaboración,
financiamiento y participación de acciones paramilitares,
no han negado, ni Uribe tampoco lo niega, que nunca
hayan roto su colaboración mutua. La nueva generación
de los Uribe, Tomás y Jerónimo Alberto,
ha sido señalada por recibir favores económicos
y la tradición política, convicciones
y maneras de operar que desde su infancia les ha inculcado
Uribe. Los lazos y las convicciones políticas
de la familia de Uribe son idénticos y se han
demostrado como íntimos y la causa de la unión
y asociación que toda la familia de Uribe comparte
alrededor de él y que Uribe ha cultivado con
base en sus relaciones de sangre. *****
Estrategia militar de Uribe
II La destrucción
del Secretariado de las FARC
El éxito
de Uribe en la limpieza social contra la población
civil indefensa nunca fue igualado por sus ataques militares
día y noche contra las FARC por ocho años
con toneladas de bombas. Uribe terminó sus dos
gobiernos y fue incapaz de doblegar la resistencia armada
de las FARC. Para disimular su derrota siempre ha hecho
publicidad con la deserción de 15 mil milicianos
de las FARC, personas que al ser traidores le hacían
más daño que bien a las FARC por la debilidad
de su convicción, con la muerte de millares de
guerrilleros, incluyendo alrededor de tres mil de ellos
que resultaron no ser guerrilleros sino falsos positivos,
y con la baja de diferentes jefes del Secretariado y
los frentes, que en ningún momento afecta el
relevo en la cadena de mando de las FARC ni tampoco
afecta la moral de las FARC. Cada caído es un
héroe que aumenta la moral, la combatividad y
el reclutamiento de las FARC.
Lo que había
detrás de la aparente seguridad era algo muy
distinto. Las FARC, al ver que parte de la población
civil, que era neutral, y que podía servirle
de escudo o ayudarle, estaba siendo exterminada, reaccionaron
con un repliegue inmediato para salvar a sus milicianos
y a quienes realmente los apoyaban. Los nuevos afectados
por los paramilitares por haber matado a sus familiares,
se convirtieron en reclutamiento fácil para las
FARC y terminaron unidos a los civiles que apoyaban
a las FARC en la clandestinidad, ahora reforzada, o
como milicianos. El resto de los pobladores contribuyeron
a engrosar el record de cuatro millones de desplazados
internos a que llegó Colombia durante el gobierno
de Uribe y puso a Colombia entre las peores estadísticas
del mundo.
Las FARC lograron
mantener intacto su aparato militar y también
aumentaron su milicia especializada. Las bajas del ejército
durante el gobierno de Uribe pasaron la raya de los
4 mil militares, sin contar los millares de militares
inválidos, dementes y suicidas. La guerra psicológica
que consistía en afirmar que las FARC estaban
prácticamente exterminadas y derrotadas política
y militarmente y de que el Ejército no había
tenido bajas es quizás el mayor engaño
que cualquier presidente le haya hecho a la opinión
pública en Colombia.
La amenaza
de Uribe de exterminar a las FARC fue aprovechada por
éstas para consolidar su unidad y aumentar la
solidaridad internacional por una situación presentada
como de vida o muerte.
Es oportuno recordar que antes
de Uribe hubo algo muy importante. Desde octubre del
1997 Clinton declaró a las FARC terroristas,
en noviembre del 2001 durante la presidencia de Pastrana,
Bush lo ratificó y en junio del 2002 lo hizo
la Unión Europea. Como consecuencia de esto sucedieron
dos cosas, se derrumbó el 70% del apoyo internacional
y las FARC quedaron maniatadas para moverse alrededor
del mundo. Ante este revés, las FARC se empeñaron
en prepararse para lograr el status de beligerancia
y con esa intención se esforzaron por ajustarse
al Derecho Internacional Humanitario.
Este objetivo
explica por qué durante la presidencia de Uribe
las FARC hicieron énfasis en las liberaciones
unilaterales de secuestrados y cómo en ese período
disminuyeron los secuestros hasta el punto de que después
de Uribe terminaron eliminando el secuestro dentro de
sus operaciones de control de objetivos políticos.
En ese mismo periodo disminuyeron las continuas operaciones
de saboteo y hostigamiento y comenzaron a centrarse,
prioritariamente, en los ataques a militares y policías,
beligerancia. De esta manera el repliegue terminó
en un excelente retiro para reflexionar sobre cómo
lograban el status de beligerancia y cómo pondrían
en práctica sus nuevas tácticas de resistencia.
Animados por
la seguridad y relativa calma que les había proporcionado
el repliegue y motivados por la posible obtención
del reconocimiento de status de beligerancia, las FARC
construyeron su Resistencia en dirección a la
guerra prolongada. Esa Resistencia, aún con unas
FARC disminuidas, fue exitosa y fue una victoria política
contra la que no pudo ninguna victoria militar. Mientras
cuajaba esta sólida estrategia de las FARC, Uribe
continuaba con su politiquería de “triunfos”
temporales sobre las FARC. Uribe miraba a corto plazo,
las FARC a largo plazo.
Al tener que
abandonar el gobierno, a Uribe le era imposible seguir
con su despliegue escénico triunfalista sobre
las FARC, y le quedaba ya imposible poder continuar
con otro engaño del que muy poco se habla. Colombia
había quedado bajo el control clandestino de
los neoparamilitares ahora llamados Bacrim en 60% de
su territorio. Poder que quedó al descubierto
con el paro armado de los urabeños en enero del
2011, cuando se descubrió que el control de ambas
costas colombianas estaba en manos de los neoparamilitares,
que en esas regiones del norte de Colombia los neoparamilitares
manejaban a los políticos a su antojo, compraban
a la policía, al ejército y a la justicia;
que esa capacidad de terror y control de la población
es difícil de superar porque bajo cuerda, los
urabeños siempre fueron los aliados y protegidos
de Uribe y su gobierno desde el 2007. Los urabeños
son solo la tercera parte del poder nacional del neoparamilitarismo
dejado por la Seguridad Democrática de Uribe.
Las Águilas Negras todavía siguen siendo
las que predominan dentro del legado neoparamilitar
dejado por Uribe y las que hoy mantienen y prolongan
su política de limpieza social.
Pero además,
el paro armado de los neoparamilitares urabeños
dejó al descubierto que Uribe no hizo nada por
la infraestructura de Colombia en las zonas controladas
por neoparamilitares y que los grandes éxitos
que alega sobre la recuperación de soberanía
e infraestructura son solo estadísticas amañadas
para alimentar sus innumerables y repetitivos discursos
electoreros.
Mientras Uribe
quemaba el dinero de los colombianos en una guerra a
medias contra la guerrilla pero no contra el crimen
ni contra la violencia, el país quedó
atrasado en infraestructura, educación y salud.
El campo colombiano es un desastre humano del que las
gentes de las ciudades no tienen la menor idea. Uribe
ayudó a ese desastre humano, a la inequidad en
la distribución del ingreso y al abandono del
campesinado que vive atemorizado, desposeído
y asesinado constantemente en medio de una guerra de
la que solo se hablaba para los fines electorales de
Uribe.
Los colombianos
comenzaban a ver que la extradición de los jefes
paramilitares no hacía ninguna diferencia en
el poder del crimen sin saber que convenientemente todos
los computadores de los jefes paramilitares “desaparecieron”
en la cárcel antes de su extradición para
proteger a Uribe y sin saber que Uribe no había
podido con la Resistencia de las FARC. A muchos colombianos
no les gustaba la idea de que Uribe hubiera dejado a
Colombia prácticamente en las manos del crimen
organizado clandestino. La seguridad de Colombia no
se mide en acabar con las FARC, como Uribe convenientemente
hizo creer, sino en acabar el crimen, la violencia y
el terror viniera de donde viniera. En el fondo, la
seguridad de los ocho años de Uribe había
sido todo un engaño de proporciones nacionales
e internacionales.
Cuando a Uribe
le tocó dejar el gobierno, la opinión
pública había quedado tan engañada
que juraba que el flagelo de las FARC estaba por terminarse,
que el Ejército había triunfado sin bajas
y que Uribe era el estratega de la más grande
derrota de las FARC.
Uribe nunca
permitió que los verdaderos hechos salieran a
la luz pública por miedo a que lo pudieran desprestigiar
o descubrir su sangrienta política de limpieza
social de los potenciales auxiliadores de las FARC,
o el exterminio de la población civil. Pero con
su acostumbrada habilidad de volver las cosas al revés
para quedar bien, arguyó que las guerrillas huían
de los avances del ejército para refugiarse en
la selva y las montañas. Este, como la mayoría
de sus cuentos, caló hondo en la opinión
pública. En efecto, donde había guerrilla
ya no se veía ni un solo guerrillero. El repliegue
de las FARC había sido un éxito del que
se apropió Uribe politiqueramente.
Durante su
nueva clandestinidad, las FARC afrontaron la segunda
estrategia de Uribe que era la del exterminio del Secretariado
y de los altos mandos de sus Frentes. Esa prioridad
la justificaba Uribe creyendo ingenuamente que si se
demostraba que el Secretariado era vulnerable y que
los líderes de las FARC podían ser eliminados,
las FARC se debilitarían y la victoria militar
o exterminio de las FARC era seguro.
Pero las FARC
nunca han abandonado su objetivo de lograr el debilitamiento
económico del estado, su principal enemigo, sin
importar quien las dirija. Y lo han logrado usando la
guerra misma. Si a un guerrillero lo atacan de un flechazo
vale un peso, pero si hay que usar helicópteros
Hawk, aviones Supertucanos, bombas de miles de dólares,
sostener medio millón de personas con salarios,
beneficios, seguros, armamento, ropa, vivienda etc.
es algo muy distinto: cada guerrillero vale un millón
de dólares.
Uribe fue
presa fácil de las FARC y los costos de atacar
cada guerrillero se multiplicaban, llegándose
a cifras record en gastos militares y con impuestos
de seguridad a los colombianos. Cuanto más dinero
se conseguía más se gastaba y siempre
era insuficiente. Uribe dejó una deuda interna
y externa exagerada con el fin de aumentar hasta dónde
fuera posible el presupuesto militar. La ciega política
de Uribe convertía a los combatientes de las
FARC en los más costosos en relación al
PIB y a la economía colombiana en general.
El escalamiento
de la guerra para Uribe se convirtió en una especie
de militarismo politizado de los años sesentas
y de una carrera armamentista, mientras que para las
FARC el escalamiento de la guerra implicaba perfeccionar
sus cualidades de resistencia y usar el armamento más
efectivo y barato que pudieran encontrar. Actualizar
armamento es lo último en la lista de las FARC.
La economía de las FARC consiste en mantener
un bajo pero constante superávit y sus gastos
se reducen a minas caseras y demás armamento
rudimentario, armas robadas, alimentación en
lo posible gratuita con animales de caza y frutas de
la selva, etc.
El primer
objetivo fue alias Raúl Reyes considerado comandante
número dos de las FARC y encargado de las Relaciones
Públicas alrededor del mundo.
Se escogió a Reyes porque su ubicación
era fácil de determinar por medio de los contactos
y por sus frecuentes apariciones en público.
Reyes no era un combatiente activo de las FARC y sus
armas eran solo un símbolo útil de su
posición guerrillera para su actividad diplomática
en el mundo.
El Mossad,
la inteligencia militar estadounidense y los servicios
de inteligencia de otros países como Inglaterra
y Francia seguían internacionalmente a Reyes
y con esta información se logró ubicar
su campamento en la frontera ecuatoriana con Colombia.
Uribe, estimulado por el consejo de sionistas que le
mostraban cómo las acciones israelíes
no tenían ninguna consecuencia militar ni económica
por sus ataques a combatientes palestinos en territorio
palestino, le ordenó al entonces Ministro de
Defensa Juan Manuel Santos que siguiera estrictamente
a la inteligencia militar extranjera y su propia estrategia
de eliminar al Secretariado y para estar completamente
seguros de poder asesinar a Raúl Reyes estando
dormido. Las órdenes de Uribe se cumplieron al
pie de la letra.
Ante el reclamo
del presidente Rafael Correa de Ecuador, Uribe confesó
no haberle informado a tiempo porque temía que
alertara a Raúl Reyes. Al hacerlo, Uribe dejó
al descubierto su miopía y su ignorancia de las
consecuencias militares, económicas y políticas
que traía una acción que agredía
lo más sagrado de los países latinoamericanos:
la defensa de su soberanía que fue la causa de
todas las independencias de la monarquía española.
(Uribe es una persona de un nivel bajo de preparación,
pasó sus cursos universitarios con grados regulares,
no le gusta leer y se limita a informarse solo de quienes
inspiran sus ideas unilaterales. Haberse escapado de
5º Y 6º de bachillerato le dejó un
vacío a su formación académica.)
Después de consumada la violación de la
soberanía del Ecuador, el presidente Correa no
podía quedarse quieto y, en consecuencia, rompió
relaciones diplomáticas y económicas con
Colombia y puso a su ejército en pie de guerra
en la frontera con Colombia
Para disimular
la derrota militar, política y diplomática
en la que hundió a Colombia con la censura de
todos los organismos internacionales, Uribe se jactó
de haber capturado los famosos computadores de Reyes,
que obviamente tenían todos los contactos internacionales
de las FARC. Por intereses electorales, Uribe cometió
el error de hacer público la mayor parte del
contenido de los computadores facilitando que muchos
de los contactos de las FARC cambiaran de inmediato
todo lo necesario para quedar encubiertos y que el reemplazo
de Reyes pudiera establecer un nivel más avanzado
de clandestinidad a tono con el recién logrado
por la logística y los combatientes de las FARC
en su estrategia de repliegue. Desde ese momento toda
la información de los computadores se volvió
historia antigua y la inteligencia internacional perdió
contacto con los nuevos movimientos diplomáticos
de las FARC.
Uribe ocultó
convenientemente esta realidad a la opinión pública
y dentro de sus campañas electorales todavía
quiere hacer creer (y en parte lo logra) que las FARC
y los contactos de las FARC se quedaron inmóviles,
que no hicieron absolutamente nada y que la situación
internacional de las FARC, ahora desconocida, no ha
sufrido ningún cambio y es exactamente igual
a la que muestran los computadores de Reyes. Semejante
posición tan ciega y acomodaticia de Uribe solo
ha logrado que los computadores de Reyes se hayan vuelto
unos convidados de piedra en acciones legales y completamente
inútiles en el ámbito internacional.
Se puede demostrar
que lo que dicen los computadores de Reyes es cierto,
lo cual los convierte en valiosas piezas de la historia
de Colombia y del conflicto armado con las FARC y en
el testimonio embarazoso de que la inteligencia colombiana
no sabía nada de la extensión de la actividad
internacional de las FARC como tampoco ha demostrado
que lo sabe ahora. Pero darle validez legal a los computadores
de Reyes es también confirmar la actividad beligerante
de las FARC porque nada mejor que los computadores de
Reyes para demostrar que las FARC tienen concentrados
sus intereses políticos y sus combates en Colombia
y que por ello son auténticamente una organización
beligerante.
El primer
golpe al Secretariado de las FARC queda impreso en la
historia como una violación de la soberanía
de un país vecino, el bombardeo y asesinato a
mansalva de unos milicianos y civiles mientras dormían,
la pérdida de relaciones diplomáticas
y económicas con Ecuador, la apertura de una
confrontación militar con otro país y
la consecución de pruebas que demuestran que
las FARC son una organización beligerante con
contactos internacionales serios, de alto nivel y de
una extensión jamás imaginada por la inteligencia
militar colombiana.
Estrategia militar de Santos
I Continuación
de la Seguridad Democrática
Cuando Juan
Manuel Santos llega a la presidencia continúa
fielmente con la misma estrategia de Uribe de eliminar
al Secretariado de las FARC y escoge como su primer
objetivo un moribundo jefe militar, alias Mono Jojoy,
cuyas funciones ya habían sido delegadas en otros
comandantes. Como objetivo Mono Jojoy era también
producto de una visión miope y daba cuenta de
la ignorancia del gobierno sobre las consecuencias militares
y políticas para el conflicto armado en Colombia.
Jojoy representaba un ala de fuerte tendencia militar
que hasta ese momento no había obtenido el comando
de las FARC, que continuaba en manos de la tendencia
dominantemente política cuya prioridad era el
repliegue y la clandestinidad. Santos logra asesinar
al Mono Jojoy, que el Secretariado había dejado
con menor seguridad y quien además decidió
defenderse desde su tradicional escondite.
La muerte
del Mono Jojoy no era sorpresa para el ala más
beligerante de las FARC que proponía acciones
militares en toda Colombia con mayor efectividad y especialización
militar. Exactamente las mismas que Colombia ha visto
en 2011 y 2012.
Sin percatarse
todavía del cambio táctico que se estaba
cocinando al interior de la dirigencia de las FARC,
Santos decide llevar la política de Uribe a su
máxima expresión y en lugar de solo golpear
al Secretariado decide que golpear la cabeza máxima
de las FARC, alias Alfonso Cano, creyendo que lograría
lo que Uribe había planteado como lo más
brillante de su estrategia, “cortarle la cabeza
a la culebra”. Con aumento del pie de fuerza,
concentrando toda la inteligencia internacional sobre
Cano, rodeando el área de combate de Cano e intensificando
los combates, Santos logró asesinar a Cano, pero
no acabar las FARC. Alfonso Cano era ante todo un hábil
dirigente político de las FARC, quien pudo llevarlas
a la paz, pero su habilidad táctica no escapó
la exigencia de las nuevas circunstancias y en cierta
medida era una limitación para el ala militar
de las FARC. Las consecuencias no se hicieron esperar.
Alias Timochenko, un estratega militar y político
al estilo de alias Manuel Marulanda, toma las riendas
de las FARC, y en lugar de supeditar lo militar a lo
político le da prioridad a ambas combinado la
efectividad de cada una. Ahora todos quedan contentos
en las FARC y obviamente el legado del Mono Jojoy comienza
a convertirse en una realidad en el nuevo accionar de
las FARC.
Si hoy las
FARC realizan acciones en diferentes regiones de Colombia,
emboscan militares, sabotean la producción de
petróleo, toman poblaciones y hacen retenes al
tiempo que se quitan de encima la carga y responsabilidad
contraproducente de los secuestrados no es otra cosa
que la consecuencia lógica de la inicial miope
e ignorante política de Uribe sobre el conflicto
armado y la que Santos creyó y siguió
fiel y sinceramente.
Estar al frente
de una política, como le toca ahora a Santos,
es diferente a seguir una política como notoriamente
lo hizo Santos durante el gobierno de Uribe. Ahora,
Santos ve que si falla es su completa responsabilidad.
Si fallaba en la época de Uribe era responsabilidad
de Uribe, el entonces Comandante en jefe de las Fuerzas
Militares de Colombia.
Como responsable
del conflicto armado, Santos puede ver ahora que las
prioridades estratégicas de Uribe de exterminar
la población civil que potencialmente pueda apoyar
a las FARC es una política criminal encubierta
de Estado y de lesa humanidad que viola la Convención
de Ginebra, el Derecho Internacional Humanitario y pone
a Colombia en el despreciable grupo de los países
bárbaros. Pero además acentúa la
desigualdad en Colombia, aumenta el desplazamiento interno,
incrementa el desempleo, y paralelamente aumenta el
presupuesto militar en detrimento de inversiones en
el futuro desarrollo de Colombia como lo son educación,
investigación científica y tecnológica,
inversión de capital nacional y salud. Y como
si esto fuera poco le garantiza a las FARC su renovación
constante a través del reclutamiento continuo,
consecuencia del dolor y la consiguiente venganza armada
por la muerte de familiares a manos de paramilitares,
neoparamilitares y militares.
La parte de
la Seguridad Democrática que tiene como objetivo
matar hasta el último miembro de las FARC es
fanática, irracional, impráctica y por
qué no decirlo anticristiana y criminal. La pena
de muerte en Colombia es ilegal y va contra los principios
cristianos. Cualquier persona asesinada, así
sea el peor criminal, es una repudiable ejecución
que viola flagrantemente la Constitución y es
un inexcusable crimen de Estado. Los colombianos tienen
el derecho y el deber de ser testigos del juicio público
de grandes criminales para que sirva de educación
de cómo la verdad siempre triunfa así
se la encubra con siete mil corazas.
Pensar que
mostrando una pila de milicianos de las FARC muertos,
aunque fueran falsos positivos, eran derrotas militares
para las FARC es desconocer por completo lo que es una
guerra irregular en la que no cuentan los números,
como en las guerras regulares, sino la amenaza, la capacidad
de sorpresa y sus consecuencias políticas y económicas.
Está
demostrado que es imposible impedir que las FARC operen,
ataquen o cometan acciones de guerra. La decisión
de las FARC de parar sus operaciones, ataques y acciones
de guerra, de desarmarse y de integrarse a la vida legal
nacional es la única garantía del fin
de la amenaza que representan, y sólo una negociación
puede lograrlo
Estrategia militar de Santos
II Dejarles una sola
salida a las FARC: La Paz
Ser Comandante
en Jefe de las Fuerzas Militares es estar frente al
curso que tome el conflicto armado. Por eso el presidente
Santos cambió la antigua estrategia militar de
Seguridad Democrática contra las FARC de las
dos prioridades irracionales y hasta criminales de Uribe
(que ahora Uribe llama Frente Antiterrorista y Puro
Centro Democrático) a una estrategia con los
siguientes pasos que por ser parcialmente parte del
secreto militar han quedado injustamente por fuera del
conocimiento público:
1. Los objetivos
espectaculares que sirven como propaganda para la reelección,
como asesinar miembros del Secretariado, se descubren
ineficientes puesto que detrás de cada miembro
del Secretariado existe un orden establecido de candidatos
preparados para suceder de inmediato a cualquier comandante
que muera. La posibilidad de descabezar a las FARC se
convierte en una revitalización de su dirección
y en la implementación justificada de nuevas
políticas correctivas que los actuales miembros
del Secretariado no habían desarrollado.
Al mismo tiempo,
se observa que el Secretariado no es el frente de combate
directo y su enfrentamiento a las Fuerzas Militares
y a la Policía tiene que ver más con logros
políticos, administrativos, tácticos y
estratégicos que con cualquier otra cosa. Los
Frentes y los mandos a cargo de la logística,
como financiamiento, provisiones, armamento, etc. tienen
un papel determinante en el éxito de cualquier
dirección del Secretariado. Las pérdidas
en estos niveles pueden traumatizar una operación
o incluso toda la eficacia de un Frente. Por lo tanto
estas áreas toman ahora la importancia que merecen
y que se hallaba en segundo plano en la política
de Uribe por los objetivos espectaculares diseñados
para su reelección y para la manipulación
de la opinión pública.
2. La participación
militar puede ser muy difícil, costosa e ineficaz
cuando se trata de movilizar batallones para acorralar
y enfrentar a unidades de las FARC. Movilizar batallones
requiere también movilizar provisiones, armamento
y tener la acusadora presencia de armamento pesado,
aviones y hasta barcos. Los insurgentes ya están
acostumbrados a reconocer los cercos militares y a salir
de ellos.
Los experimentados
generales estadounidenses como Stanley McChrystal y
en especial David Petraeus, por el hecho de conocer
desde el mando los efectos de diferentes diseños
militares contra una insurgencia mucho mejor armada
y verdaderamente temible como la sunita de Irak y los
Talibanes de Afganistán, cuando asesoraron a
las Fuerzas Armadas de Colombia estuvieron de acuerdo
en que las unidades especializadas eran mucho más
fáciles de desplazar y recoger, todo su armamento
es avanzado, sus equipos completamente portátiles,
y su acción es específica y altamente
especializada por lo que son efectivas y de menor costo.
Estas unidades antiinsurgentes han demostrado su eficacia
en más del 80% de los casos. Prototipos de esto
serían las fuerzas especiales Vulcano y Tarea
Omega.
El abuso de
las Fuerzas Militares por parte de Uribe fue tan extenuante
y desmoralizador que los combatientes no podían
brillar con toda su eficacia. Su composición
no podía tener la agilidad, el tino y la efectividad
de las pequeñas unidades antiinsurgentes. Uribe
agotaba rápida e innecesariamente el presupuesto
militar hundiendo a Colombia en deudas millonarias para
sostener un Ejército que fácilmente era
burlado por los pequeños grupos de guerrilleros
que se salían de sus cercos o simplemente los
llevaban a campos minados. El mal manejo de Uribe tanto
del presupuesto, los recursos logísticos y el
pie de fuerza del Ejército fue la causa de que
muchos militares escogieran atajos como los falsos positivos
para tener respiro y alguna satisfacción honorífica
de parte del presidente Uribe, su comandante en jefe.
Lo peor de
todo fue que, aunque esa mala administración
militar de Uribe no eliminaba a las FARC y por el contrario,
paradójicamente, las ayudaba a entrenarse para
el escalamiento de la guerra, a mejorar su desarrollo,
y a que la consolidación de su resistencia se
volviera una nueva motivación y un incentivo
importante para elevar la moral de los combatientes,
Uribe nunca cambió ni fundamental ni estructuralmente
su estrategia militar durante sus ocho años de
gobierno. Mientras que en el campo enemigo se observa
la rápida adaptación y táctica
de repliegue que lograron las FARC desde el primer año
del gobierno de Uribe al tiempo que avanzaban firmemente
en su preparación para una guerra prolongada
incluyendo cambios militares para su resistencia y cambios
políticos para su status de beligerancia.
Santos es
el primero que después de ocho años cambia,
actualiza, revitaliza y pone en marcha una guerra contra
las FARC dirigida a una verdadera derrota militar que
no necesita matar a todos y cada uno de los guerrilleros,
pero que solo les deja una única salida: la paz.
Con esto toda Colombia triunfa.
3. El tercer
componente de la indispensable nueva estrategia consiste
en quitarle cualquier apoyo y logística a las
FARC y simultáneamente avanzar en el progreso
de Colombia a través de programas sociales, construcción
de infraestructura, servicios públicos esenciales
y solución a los problemas relevantes de cada
comunidad. Solo de esta manera las comunidades ven en
el gobierno la solución de sus problemas y a
las FARC como uno de los problemas que se van resolviendo
con la ayuda del gobierno.
Cabe anotar
que la política de cazar y exterminar a la población
civil por parte de Uribe no solo produce odio al gobierno
y a quienes colaboran con el gobierno sino que además
crea un odio profundo contra las Fuerzas Militares por
su negligencia para defenderlos y por el poder armado
que la gente ve volcarse contra ellos.
El completo
desinterés de Uribe por la situación social
en las zonas de guerra queda demostrado en el constante
presupuesto vacío del Plan de Consolidación
que debía resolver el urgente y verdadero problema
de inversión social. Uribe siempre prefirió
Familias en Acción porque representaba su plataforma
para la reelección y sus Consejos Comunales porque
eran sus herramientas de constante campaña política.
Los primeros
resultados de esta nueva estrategia militar, que recoge
lo mejor de la experiencia nacional e internacional
en la lucha contra las FARC y contra la insurgencia
en general, podrá mostrar sus resultados iniciales
en menos de dos años.
Culpar a Santos
de las nuevas operaciones de las FARC es un absurdo
¿Quién puede pensar que las FARC actúan
de acuerdo a si tienen o no permiso del gobierno? A
las FARC no les importa el presidente de turno, ellas
tienen una estrategia que cumplir por encima y a pesar
de cualquier presidente y gobierno. Son la estrategia
del gobierno y de la guerrilla las que cuentan. Durante
el largo periodo de Uribe, por más golpes que
les infligiera el gobierno, las FARC secuestraban cuando
querían, emboscaban y mataban policías
y soldados sin que nadie se los impidiera. También
atacaron pueblos, sabotearon con explosiones en el campo
y en las ciudades capitales y hasta se dieron el lujo
de hacer varios paros armados en Arauca sin que Uribe
pudiera hacer algo o decir algo.
Con el fin
de los gobiernos de Uribe los uribistas creyeron llenar
ese vacio convirtiéndose en el brazo derecho
de la propaganda de las FARC. Basta con que las FARC
digan ¡buuu! en cualquier parte del país
e inmediatamente los uribistas ponen el grito en el
cielo, reproducen fotografías si las obtienen,
describen con pelos y señales lo que hayan hecho
las FARC, así no lo hayan hecho, y exigen inmediatamente
que la prensa les de titulares de primera página
a las acciones de las FARC. En la época de Uribe,
éste quemaba millones de dólares adivinando
dónde estaban y atacándolas para decir
que él no se dejaba montar de las FARC, que él
si tenía pantalones, que era un verdadero “macho”.
Uribe estuvo a punto de meter al país en una
deuda letal de nuevos miles de millones de dólares
para internacionalizar su guerra. Se imagina uno las
carcajadas de las FARC frente a tamaña desesperación
y torpeza de Uribe.
La explotación
reeleccionista del uribismo de la actual situación
de guerra no tiene pies ni cabeza. Basta con exponer
los principios, el conocimiento y la experiencia sobre
los conflictos armados en Colombia y el mundo para echar
por tierra las falacias con que insisten en engañar
a la opinión pública y torcer el camino
de Colombia hacia la paz.
La ultraderecha
uribista ha logrado acumular dentro de sus filas la
mayor desinformación que cualquier grupo en Colombia
haya podido tragarse tan inútilmente.
Uribe no solo
fue un pésimo administrador de los asuntos militares
que persistió obcecadamente en una estrategia
obsoleta y contraproducente. Ahora intenta volver con
su embeleco de Seguridad Democrática, que fuera
de ser contraproducente y cinismo sangriento, es realmente
un insulto a la inteligencia y al sentido común
de cualquier profesional militar que se respete.
Como comandante
en Jefe de las Fuerzas Militares de Colombia Uribe tiene
que responder por los falsos positivos de sus militares
subalternos condenados, por los desaparecidos durante
su mandato cuando tenía la obligación
constitucional de velar por la vida y los bienes de
los ciudadanos, por su agitación pública
contra sindicalistas, periodistas y opositores que hizo
que muchos de ellos perdieran sus vidas o terminaran
en el exilio, por las chuzadas cometidas bajo su dirección
desde su central de Inteligencia DAS y por la sangrienta
limpieza social que impulsó su política
desde cuando fue gobernador de Antioquia.
Muchos de
estos hechos y asuntos de inteligencia militar son desconocidos
para la opinión pública de Colombia debido
a la negación de la existencia del conflicto
armado político y por la falsa creencia de que
las FARC no planean cuidadosamente sus movimientos militares,
no elaboran acciones de complejos resultados políticos,
no estudian tácticas y no participan de una guerra
como contraparte ineludible. Uribe creyó que
con llamarlas “terroristas narcotraficantes”
las cualidades de combate, resistencia, planeación
política y el hecho de ser destinatarios de los
presupuestos más altos y de la mayor concentración
de actividad militar y policial de Colombia, las FARC
iban a desaparecer como por arte de magia. Eso es como
creer que haciendo propaganda de que Einstein es un
burro su teoría de la relatividad desaparecería
y con ella el conocimiento de la energía atómica.
Era necesario
que estas cosas se dijeran y que los interesados en
estos temas tuvieran una información más
amplia de lo que significó el descalabro de la
Seguridad Democrática y el porqué de la
urgencia que Estados Unidos y Colombia tuvieron para
desmontarla.
GLOSARIO
*
Insurgencia
es el alzamiento en armas contra el Estado, sin importar
el tipo de estado que sea, dictatorial, democrático,
monárquico, simplemente si es un estado, el levantamiento
en armas contra ese estado es insurgencia.
• Cualquier acción y recurso
contra el estado así sea crimen como narcotráfico
o secuestro, saboteo y terrorismo son todos crímenes
políticos porque obedecen al objetivo de toda
organización subversiva que es siempre la destrucción
del estado, el cambio y la toma del poder. Y la sola
toma del poder no es nada más que política
pura.
• Si la organización no
busca la toma del poder ni tiene un partido que la dirija
ni afecta la política del estado, entonces no
es una organización subversiva sino que sería
exclusivamente una organización criminal como
lo fue las AUC cuyo máximo objetivo fue usar
el poder pero no cambiarlo y sus acciones no estaban
dirigidas por ningún partido.
• La insurgencia tiene diferentes
formas como son: unidades terroristas, de guerrilla
o ejército. Ninguna de estas formas cambia su
carácter insurgente ni su carácter político.
• El crimen es una trasgresión
de la ley y de los derechos de los demás a la
propiedad, la vida, raza, género, o creencias.
• El crimen es un arma fundamental
en la insurgencia porque destruye el orden establecido
por la ley, lo transgrede y lo vuelve vulnerable para
ser transgredido por otros. Por esta razón el
crimen es el arma política más importante
de los grupos alzados en armas.
• Robar un banco por una banda
criminal corriente lleva el dinero generalmente a cantinas,
prostíbulos y lujos. El robo de un banco por
una organización armada que obedece a objetivos
políticos termina en logística, armamento,
propaganda y financiamiento de acciones subversivas.
En el robo criminal ordinario hay un atentado a la economía,
pérdida recuperable por seguros, pero en el robo
subversivo hay un atentado a la economía que
pasa a segundo plano ante la multiplicidad de recursos
subversivos contra el Estado. Ese robo en sí
es una amenaza directa al Estado.
• Por eso, decir que los subversivos
son criminales solo encubre a los subversivos. De la
misma manera que ejecutar individuos que no son de las
FARC y hacerlos pasar por las FARC solo protege a los
verdaderos militantes de las FARC. Si las FARC emboscaran
policías que no son policías en nada afectarían
al cuerpo policial. Decir que las FARC son criminales
es una ingenua manera de tapar su amenaza y sus ataques
al Estado colombiano.
**
La paz
es la reconciliación y convivencia como resultados
de que ambas partes logran la resolución de un
conflicto armado.
• La paz se acuerda entre enemigos.
• Entre amigos no se bombardean ni se destruyen,
entre enemigos si.
• Cuando se abusa de la amistad
y se cometen desmanes se la viola y, como cuando se
viola la ley, se impone el castigo.
• Cuando los enemigos acuerdan
la paz se impone el perdón.
• En los conflictos armados unos
tuvieron que pagar un precio alto por la paz y otros
fueron pagados para conseguirla, pero eso es justo porque
la paz es para todos por igual, no importa cuánto
trabajaron o no por ella, lo que importa es que todos
la pueden mantener y gozar.
• Un militar se compromete a dar
su vida por la patria y esa debe ser su mayor satisfacción
y compensación más importante que cualquier
salario.
• Un guerrillero nunca se comprometió
a dar su vida por la patria, si deja sus armas y se
acoge a la ley su satisfacción debe ser el respeto,
la colaboración y la admiración de todos
como premio a su decisión, lo que es justo.
• Las parábolas de los
hijos diferentes, los jornaleros y la del hijo pródigo
ayudan a entenderlo desde el punto de vista cristiano.
• La paz es un asunto de gracia
y perdón donde con justicia se borran las deudas.
***
Terrorismo
es la acción de afectar las decisiones de la
gente a través de la intimidación violenta.
El terrorismo puede ser privado, subversivo o estatal.
• En general el terrorismo se
ejecuta con ataques a civiles al tiempo que se atacan
cosas o símbolos del poder enemigo.
• Si un grupo armado, cualquiera
que sea, pone bombas en los puestos de votación,
eso es terrorismo porque afecta la decisión de
la gente de ir a votar o no, por un medio violento.
• Si se derriban dos edificios
símbolo del poder de una nación, como
las torres gemelas de Nueva York, eso inmediatamente
obliga a cambiar la decisión sobre la seguridad
de todo un país. Desde ese momento nadie puede
sentirse seguro. El terror es tal que puede llegar a
crear miedo a los aviones que vuelan sobre las ciudades,
a los edificios altos sin una fácil salida de
emergencia, a toda persona islamista, a todo enemigo
de los Estados Unidos, etc. El terror producido por
la demolición violenta de las torres gemelas
obligó al gobierno a cambiar posiciones sobre
inmigración, diplomacia y lo llevó hasta
la declaración de guerra.
• Aquí no hay que confundir
cambio de políticas y decisiones a nivel gubernamental
y social con medidas de seguridad contra el terrorismo
o cualquier otra amenaza.
• Las medidas de seguridad como
requisas selectivas en el transporte público
o la identificación para entrar a los edificios,
son corrientes y se caracterizan por una constante actualización
y por ser preventivas. Que la gente tenga que quitarse
los zapatos para su inspección en los aeropuertos
no es producto de ningún acto terrorista en el
que haya existido una sola víctima. Fue un fallido
intento de un posible acto terrorista el que señaló
que los zapatos podrían ser transporte potencial
de explosivos o componentes de explosivos y por prevención
se adoptó su inspección. Eso es una medida
de seguridad.
• El principal objetivo del terrorismo
es demostrar que lo que parece más seguro no
lo es. Al romper la sensación de seguridad obviamente
queda el vacío de la inseguridad. La seguridad
de que ir a votar no tiene peligro alguno o de que Nueva
York no puede ser atacada, son las seguridades que el
terrorismo busca romper. Darle fuerza y apoyar al terrorismo
es exagerar el daño hecho, asegurarse de que
el miedo cunda y extender ese miedo al mayor número
de personas posible. La falta de conocimiento del terrorismo
es lo que hace que mucha gente ingenuamente ayude al
éxito del terrorismo sin darse cuenta.
• El antídoto del terrorismo
es la seguridad y ésta debe
ser tarea de los servicios de inteligencia, contrainsurgencia
y seguridad, nunca una política a nivel de Estado.
• Si la seguridad se vuelve la
política de un gobierno entonces valida las acciones
terroristas como enemigas de la nación, las reconoce
como acciones intimidantes contra la sociedad y el Estado
y equipara equivocadamente esas acciones a un invisible
ejército enemigo, que de ahora en adelante llamará
“terrorismo”. Hablar de seguridad se vuelve
entonces una forma explícita e implícita
de reconocer que el “terrorismo” es una
amenaza constante, presente y real para la población.
Si ese terrorismo es producto de las acciones de una
organización política armada, la política
de seguridad trae consecuencias aún más
graves porque reconoce las acciones terroristas como
las más temibles de la organización armada
y al hacerlo reconoce la capacidad subversiva y beligerante
que la organización política armada buscaba
establecer ante la población.
• Es inevitable que desde ese
mismo momento lo que queda en tela de juicio es el poder
del Estado, la fortaleza o debilidad del gobierno frente
al “terrorismo” y no frente a la organización
política armada. Así, lo que en realidad
son solo unas acciones de la organización política
armada, que el gobierno categorizó como del enemigo
“terrorista” se transforman en el reconocimiento
de la organización política armada como
la fuerza beligerante más temida por el Estado.
Ahora, todo lo que la organización política
armada necesita hacer es resistir y con solo resistir
siempre demostrará la debilidad o el proceso
de debilitamiento del Estado. Ambos resultados juegan
en su favor porque lo que ha quedado y lo que queda
en cuestión es el poder del Estado debido a su
política de seguridad de la que depende toda
la sociedad, y no la organización política
armada que ahora se beneficia del hecho de que la población
misma demuestre la debilidad del Estado.
• Para quitarle toda efectividad
a las acciones terroristas estas deben prevenirse con
sencillas pero eficaces medidas de seguridad. La neutralización
de la actividad de la organización política
armada es lo único que demuestra la superioridad
y el poder del Estado. Y es lo único que realmente
devuelve la seguridad a la población..
• Una forma importante de conocer
qué es terrorismo es comenzar por aprender todo
lo que no es terrorismo.
• Si un grupo armado, cualquiera
que sea, roba un banco, hace un retén ilegal,
estafa, explota una planta eléctrica o secuestra
eso no es terrorismo porque ningún factor decisorio
pudo ser afectado por esa violencia.
• Un secuestro
es una transacción extorsiva que puede ser económica
o política pero no cambia ninguna decisión
de la gente. Así haya millones de secuestros
eso nunca va a cambiar u obligar a que la gente decida
que la libertad personal deba acabarse o no. Por el
contrario, cada secuestro aumenta la unión de
la gente pidiendo por el respeto incondicional de la
libertad individual. Es un delito de lesa humanidad
porque nadie tiene derecho a decidir sobre la libertad
de nadie, excepto la rama judicial.
• Que haya personas que se aterroricen
por el secuestro como las hay que se aterroricen por
millones de cosas más, eso no las vuelve acciones
terroristas.
• En la guerra se acostumbra que
unos ejércitos embosquen a los
otros, pero eso en ningún momento es terrorismo,
es simplemente uno de los avatares de la guerra y una
de sus técnicas.
• En toda guerra siempre hay daños
colaterales, las bombas matan más
inocentes porque están desprevenidos y desprotegidos;
y menos objetivos militares porque estos andan alerta
y muy bien resguardados. Los niños y las mujeres
son generalmente los colaterales más afectados.
Las bajas civiles se califican como colaterales siguiendo
el patrón que internacionalmente han establecido
los Estados Unidos y la OTAN. Los efectos colaterales
de la guerra son algo deplorable, motivo central para
acabar las guerras, pero tampoco son terrorismo. Para
serlo tendrían que ser objetivos civiles.
• En conflictos racistas, tribales,
sectarios y religiosos los objetivos son siempre civiles
porque buscan disminuir el número de creyentes
del bando o ejército contrario, pero en conflictos
de poder la gente de toda clase juega un papel muy importante
de apoyo, y el ataque se concentra en la propiedad de
los más poderosos, las fuerzas armadas defensoras
del Estado y en la destrucción del funcionamiento
normal de servicios e infraestructura. En Colombia los
paramilitares hacen una guerra sectaria por eso sus
víctimas son fundamentalmente civiles. Los otros
grupos armados hacen una guerra subversiva y tanto el
Estado, las fuerzas militares y policiales como la propiedad
agraria e industrial son sus víctimas principales.
• El terrorismo siempre es político
sencillamente porque afecta las decisiones de la gente.
Que ese efecto político se logre por medios violentos
es a lo que precisamente se ha llamado terrorismo. Si
el terrorismo no afectara las decisiones de la gente
no sería político y sus ataques serían
equivalentes a una catástrofe natural o al aislado
incendio criminal de una casa o un edificio en el que
pueden morir muchas familias
• Si un edificio se incendia a
causa de una falla eléctrica, esa causa no es
política. Si lo es a causa de un descuido o la
intención de un individuo o individuos contra
el dueño del edificio tampoco es político
así en ambos casos los destrozos sean enormes
y las víctimas decenas. Pero en el instante en
que un grupo político organizado reclame su autoría
o sea acusado de causar el incendio, cualquier causa
del incendio pasa inmediatamente a un segundo plano
y la organización política armada pasa
a ser la causa primera y única de ese incendio
y su acción una acción política
de carácter terrorista. Los destrozos así
sean mínimos y las víctimas así
sea una sola se convierte en un ataque y como tal un
acto terrorista correspondiente a una determinada política
de la organización política armada y logra
un despliegue nacional e internacional porque son atentados
contra la población y el Estado.
• La organización política
armada sabe que el presidente, los ministros y el gobierno
en general pondrán ese acto en primera plana
para el conocimiento público porque es imposible
que se ignore un acto que atenta contra la población
a cargo del Estado, pues, políticamente eso es
lo que significa el acto terrorista. La sola manifestación
del gobierno es en sí un efecto político
y la denuncia de la política del grupo político
organizado es un efecto político agregado. Toda
esta reacción política que deja presente
la capacidad de amenaza, beligerancia y subversión
era la que buscaba la organización política
armada con ese acto.
• A un grupo lo pueden llamar
terrorista aunque sus acciones terroristas sean mínimas
como a un congresista lo pueden llamar Padre de la Patria
aunque solo llene sus bolsillos. La definición
legal de las cosas, sobre todo en la guerra, no necesariamente
es exacta. Existe la guerra psicológica y la
propaganda como parte de la guerra, que demuestra cómo
ciertos calificativos que hagan perder valor público
al enemigo o aumente el odio al enemigo son la razón
de la existencia de ese lenguaje. Todos los hábitos
de la guerra son malos y deben acabarse.
****
Narcoterroristas.
Los paramilitares son narcotraficantes por naturaleza,
provienen del temprano patrocinio del gobierno a civiles
y cuadrillas de sicarios que le abrió las puertas
a los narcos para que camuflaran, extendieran y desarrollaran
sus actividades criminales con la protección
legal de un pretendido auxilio al Estado.
• El narcotráfico existe
en los orígenes del paramilitarismo y se ha desarrollado
con él. La limpieza social es una actividad exclusivamente
terrorista. Por cumplir estas dos condiciones plenamente
los paramilitares responden con precisión al
término narcoterroristas.
• Solo en mentes desviadas cabe
la limpieza social o exterminio de población
civil.
• Solo en mentes criminales cabe
creer que el crimen tiene una utilidad social y se le
ocurre encargársela a los paramilitares.
• Para salvar de culpa al Estado
que por decreto creó, entrenó y armó
al paramilitarismo se dice que las FARC crearon a los
paramilitares. Eso es tan absurdo como decir que los
ladrones crearon la Policía. La Policía
existe para asegurarle a la rama de Justicia el cumplimiento
de la Ley y para detener a quienes la violen. Los paramilitares
fueron creados por una desviada decisión del
estado para atacar a la subversión.
*****
Esta clara manipulación
de Uribe para que su familia haga lo que él quiere
y nunca quedar él inculpado es la misma que con
pericia ha empleado con su selecto y estrecho círculo
de colaboradores que siendo convictos o no, los mantiene
callados bajo el esquema de lealtad que les recuerda
y refuerza con los desesperados obstáculos que
ha presentado públicamente para que no confiesen
sus crímenes.
• Uribe incluso ha llegado a sugerir
todo tipo de evasiones de la justicia hasta el extremo
del asilo.
José María Rodríguez González
19 de julio de 2012
Síntesis revisada y mejorada
1ro. de agosto de 2012
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